viernes, 3 de febrero de 2012

LA REINA DE LAS ARTES

LA MAGIA, LA REINA DE LAS ARTES.

Muchos magos no sólo hicieron magia





“La reina de las artes”. Así llamamos los magos a la magia, claro que esto, no es porque no seamos modestos (está bien, no lo somos), es que para hacer magia se necesita más de lo que la gente cree. Hay diferencias entre un mago y un “hacedor de juegos de magia” (vean la tele y me van a entender). Pero, nos estamos apartando de la idea. Muchos magosno sólo hicieron mágia, pruebas vivientes de lo que describía antes, son los siguientes magos y sus hechos: 



Maelzer y Von Kempelen 



Curiosamente, Maeltzer no era mago, sino mecánico. ¿Y? Bueno, es que este buen hombre creó lo que tal vez sea el aparato más famoso de la historia de la magia: “El turco”. Consistía en un muñeco, autómata, robot o máquina que era capaz de jugar y ganar a cualquiera en una partida de ajedrez. Tenía la apariencia de un hombre corpulento sentado detrás de una mesa. El frente de la mesa se abría dejando ver un mecanismo interno, se accionaba un botón y el muñeco cobraba movimiento. Jugaba una partida contra su retador e indicaba el “jaque” dando un golpecito sobre la mesa y dos para indicar “mate”, luego de lo cual quedaba inmóvil. 

Habiendo alcanzado gran fama, la Emperatriz de todas las Rusias, Catalina, hizo que llevaran ante ella al aparato para jugar una partida. En realidad la que era un “aparato” era ella que no la tenía muy clara con el ajedrez. Cuando “Cata” vio que perdía hizo lo que corresponde a todo honorable competidor, es decir tiró al joraca el tablero, con lo cual fue tal vez la única que no vio como ese maldito turco le daba los dos golpecitos. Ordenó que “El turco” permaneciera en palacio hasta el otro día. Así se hizo. El autómata fue retirado del palacio y llevado a Viena. 

Ahora, el secreto. Dentro de dicho aparato, se escondía el principal enemigo de Catalina, el príncipe Vorusky. Este la tenía clarísima con el ajedrez. 
Esta genial idea, se le ocurrió a Von Kempelen que sí era aficionado al ilusionismo y logró sacar con vida a Vorusky de Rusia, aunque jamás pensó que el aparato iba a estar ante la propia Catalina. 
Uno de los primeros (y pocos que descubrieron el truco años después), fue Edgar Allan Poe. 
Hoy, David Copperfield tiene una réplica de “El turco”, algunos aseguran que es el original. 


Robert Houdin 

Ojo muchachos a no confundir, este no es Harry Houdini, de hecho estaban peleados a muerte (Yo lo banco a Robert). 
Robert Houdin, no pensó jamás que iba a ser ilusionista. La cosa es así: Este muchacho, era hijo de un relojero y a la muerte de su padre siguió con el oficio. Como tenía un muy buen pasar económico, compraba libros especializados en su tema, con lo que mejoraba cada vez más. 
Para que se den una idea, echó a los que cuidaban de sus caballos, y como él no tenía tanto tiempo de atenderlos, inventó un aparato, que les daba agua y comida siempre a la misma hora y en la cantidad exacta. Cómo no era muy afecto a recibir visitas, diseñó un sistema por el cual podía atender la puerta de entrada a su casa desde varios metros, e inclusive abrir el portón automáticamente. Estamos hablando de 1950 más o menos. ¿Y la anécdota? Cierto, ahí va: 
Francia tenía problemas en sus colonias argelinas. El pueblo era muy supersticioso y sus líderes religiosos incitaban a la población a revelarse contra Francia. Demostrando poderes místicos y sobrenaturales, estos líderes religiosos se estaban volviendo molestos. El gobierno francés sabía que con armas no podía hacer nada y decide llevar la lucha al terreno de lo milagroso. Acá es donde llaman a nuestro amigo Robert. 
Houdin, se presenta en Argelia en un teatro y monta todo un espectáculo para atraer al público. En un momento desafía a un líder religioso a que levantara de la mesa un pequeño cofre que él antes había dejado ahí. Claro que antes le aclaró que él le había quitado toda su fuerza. El líder religioso, que era bastante grandote, la quiso cancherear y pegó el tirón pero ni siquiera pudo mover el cofre. Houdin lo miraba y hacía “gestos mágicos”. Aterrorizado el grandote se prendió con todo lo que podía y casi se garca encima, pero nada. Robert Houdin, hizo subir a un niño y le pidió que llevara el cofre hacia otra mesa y el pibe lo levantó y lo transportó sin ningún esfuerzo. El Líder religioso salió corriendo humillado y se calmó todo tema de revolución. 
Me olvidaba, bajo la mesa había un bruto electroimán. 

 


Jasper Maskelyne 

El amigo Jasper, era ya un consagrado mago cuando se une al ejército inglés para luchar contra la Alemania nazi de Hitler.
Los alemanes (que lo conocían), se burlaban de él dibujando y distribuyendo caricaturas donde lo mostraban con uniforme inglés y un sombrero puntiagudo como el de Merlín. También lo hacían colocando en su mano una varita mágica flácida (como todo un mensaje subliminal ¿no?). 
Sería interminable describir con detalle todas las anécdotas de guerra de Maskelyne, por eso sólo voy a describir los logros. 
Camufló un grupo de tanques como si fuesen camiones viejos. No sólo los camufló, sino que además diseñó un dispositivo que borraba las huellas de las orugas. 
Camufló una lancha torpedera, la cual en la noche, y a la vista del enemigo parecía un yate de lujo. Con esta misma lancha, hundieron el submarino que la había avistado la noche anterior. 
Creó un mecanismo con espejos giratorio, el cual convertía a los reflectores en cegadoras luces de efecto estroboscópico. Los pilotos de los Stukas, se cegaban y algunos chocaron entre si. 
Ahora la que para mí es la más genial de todas: ¡Hizo desaparecer el puerto de Alejandría! Si, tal cual. Este puerto estaba situado en una bahía, y a un par de kilómetros había otra bahía que era muy parecida. Maskelyne colocó reflectores de la misma forma en que se iluminaba el puerto y armó estructuras de cartón simulando construcciones. Escondió explosivos, los cuales eran detonados a control remoto. Los alemanes bombardearon durante tres noches un puerto trucho. 
Además, inventó una máquina de escribir, una caja registradora, un sistema para abrir las puertas de los baños públicos al colocar una moneda, algunos robots. Uno de ellos jugaba a las cartas. ¡Un capo! 

 
 

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